La propina es de esas cosas que todo restaurante en Colombia cobra y muy pocos cobran bien. No por vivos — porque la ley cambió en 2018 y buena parte del sector siguió haciendo lo de siempre.
Vale la pena entenderla, porque hacerlo mal expone a sanciones y, más en el día a día, genera discusiones incómodas con el cliente en el momento más delicado del servicio: cuando va a pagar.
Qué dice la Ley 1935 de 2018
Tres puntos que resumen casi todo:
1. La propina es voluntaria. Siempre. El cliente puede decidir no pagarla, o cambiar el monto, en cualquier momento — incluso después de que ya salió la factura, si no le preguntaron antes.
2. El tope sugerido es 10%. Cuando el establecimiento la sugiere, la propina no puede pasar del 10% del valor del servicio. Ese 10% es un máximo, no un mínimo ni un piso obligatorio.
3. Hay que preguntar. No es opcional preguntar. Quien atiende debe preguntarle al cliente si quiere que la propina se incluya en la factura, o cuánto quiere dejar. Meterla directo y esperar a ver si el cliente reclama es exactamente lo que la ley busca evitar.
El error que comete casi todo el mundo
Incluir el 10% en la cuenta sin preguntar, y esperar a que el cliente diga algo si no está de acuerdo.
Eso invierte la carga: convierte un pago voluntario en algo que el cliente tiene que pedir que le quiten. Es la queja más común ante la SIC en este tema, y es la más fácil de evitar — con una pregunta de cinco segundos antes de imprimir la cuenta.
Además, en la práctica es peor negocio de lo que parece. El cliente que se siente cobrado a la fuerza no reclama: simplemente no vuelve.
Cómo se reparte
Aquí hay dos reglas que suelen sorprender:
- Se reparte entre todos los que participan en la atención al cliente, no solo los meseros. Cocina y quienes hacen parte del servicio entran en esa repartición.
- No puede usarse para pagar el salario. La ley prohíbe expresamente que el empleador use las propinas para cubrir el sueldo corriente que ya le debe al trabajador. La propina es adicional, no un reemplazo.
Cómo dejarlo bien montado en el día a día
- Pregunta antes de cerrar la cuenta. “¿Le incluyo la propina voluntaria?” — antes de imprimir, no después.
- Que quede visible y separada en la cuenta. El cliente debe poder ver el subtotal del consumo y la propina como líneas distintas, no fundidas en un total.
- Que se pueda quitar o cambiar sin drama. Si el cliente dice que no, o que quiere dejar otro valor, eso no debería obligar a rehacer la cuenta desde cero.
- Que quede registrada aparte de la venta. La propina no es ingreso del restaurante: es plata de los trabajadores que después hay que repartir. Si se mezcla con las ventas del día, la repartición termina siendo a ojo.
- Capacita al que atiende. La ley recae sobre el establecimiento, pero quien cumple o incumple en la mesa es el mesero.
Por qué importa registrarla bien, no solo cobrarla bien
Si la propina entra al mismo saco que las ventas, al final del turno nadie sabe con certeza cuánto se recogió de propina ni cuánto le corresponde a cada quien. Eso genera dos problemas al tiempo: cuentas del negocio infladas con plata que no es tuya, y desconfianza del equipo sobre si el reparto fue justo.
Llevarla como una línea aparte desde el momento del cobro resuelve los dos.
Cómo lo resuelve Rosiv
En Rosiv la propina se maneja como una línea separada del consumo: se pregunta, se agrega si el cliente acepta, se quita sin rehacer la cuenta, y queda registrada aparte de tus ventas — para que al cierre sepas exactamente cuánto se recogió y cuánto hay que repartir.
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Este contenido es informativo y no reemplaza asesoría legal. La norma vigente es la Ley 1935 de 2018.